Ella, Siempre vestía de colores, azul, blanco, verde y de más… Cabello corto, cuidado, mirada amable, tan dulce, tan tierna…
–Que raro eres… De repente tan alegre y de repente tan serio, ¿Por que hoy pareces triste?– Preguntó ella.
Él pensó: si levantas mis gafas verás mis lagrimas… –Estoy bien– Sonrió.
Ella empezó a creerle– ¿Seguro?
Él pensó: no –Si, no te preocupes.
–Bueno, ¿Y como te fue hoy?– Preguntó ella.
Él contestaba y completaba en su mente: –Todo– Mal, si estuvieses conmigo, estaría –Bien–.
Él llego a su casa, tomó ese hermoso cuchillo de cocina, tan brillante, tan sutil… lo tomó con firmeza, cortó debajo de sus costillas, frente al diafragma, metió su mano hasta encontrar unas palpitaciones… tomo el órgano tan delicado y lo arrancó con fuerza, parecía que lo odiaba… tanta brutalidad…
pero lo acogió en sus brazos, con tanto cuidado… fue entonces cuando entendí que en realidad lo amaba tanto…
Esa imagen descuidada, ropa negra, esa amargura, la falta de tolerancia… todo por cuidar ese estúpido ser palpitante…
Él en verdad le tenía miedo a ella, el sabía perfectamente que el nunca sería capaz de hacerle daño, y sabía que ella jamás sería capaz de estar con él, él en verdad estaba asustado de esa niña de ojos hermosos, manos tiernas, de esos labios tan hermosos y dolorosos…
Él es esa persona que jamás le haría daño, por que el sabe lo que se siente, lo que duele.
Él es esa persona que por haber sufrido tanto, es el peor humano, y el mejor amando…
Él es ese perro que después de ser acogido en un regazo cálido, tratado y curado de las heridas… se vuelve fiel y eterno con aquella persona a la que le debe la vida.
Él es esa persona que ella merece, que ella necesita para ser feliz, pero que no quiere.
Él es esa persona con la que es necesario tener valor para querer y conocer, y después disfrutar…
Él fue a verla a su casa…
–Toma– Dijo él mientras extendía una caja. –Espero lo cuides y…
Ella tomó la caja, al sentir movimiento la abrió, vio un pequeño corazón que latía, quedó atónita. –¿Tú tenías corazón?– Mientras ella gritaba eso, asustada dejo caer la caja…
El corazón se rompió en pedasos… ella no supo como reaccionar y se quedo helada, congelada, sentía culpa.
Él se hincó, recogió los pedazos, los guardo en la caja, la vio a los ojos… –Perdón.
–Perdoname tú, por que…– Fue lo único que escuche, me di la vuelta.
Y sé perfectamente que ahora sabe que detrás de mis gafas oscuras, escondo mis lágrimas, que detrás del odio, escondo mi soledad, que detrás de toda esa seguridad, está mi temor.
Sé que… si bien…mi corazón quedó roto y remachado, ella ya conoce algo más de mi, aunque sé que piensa que esa caja dura en la que entregue poco a poco mi corazón, era la superficie, y el corazón que ella vio, era lo más profundo de mi, y en verdad se equivoca… la caja era eso… una caja… el corazón era la superficie de lo que en verdad hay… y que… si bien, me hubiese gustado que ella asomase a ver entre los pedazos, para que persiviese algo… se que la atraparía; No todo se puede en esta vida, y esta es la única.
Y sin mentir… hay quienes comentan que ella tenía suerte, al tener detrás a alguien como yo…
Repito:
Soy el que merece y necesita, no el que quiere.
Antes sufrías tanto, y allí estabas para aquel…
Solo, antes de terminar este cuento escrito para ti… Nunca estoy triste, siempre guardo la felizidad en mi, y la saco cuando es mejor, cuando más la disfruto… cuando estoy con las personas que quiero… eso es lo que está un poco más adentro de esos pedazos rotos que viste… soy la persona mas feliz de este mundo…
Te quiero.
Ricardo P. Hernández
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